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El VAR y la justicia en el fútbol

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No puede haber aficionado del Recreativo de Huelva que se sienta indignado con el gol anulado a Fran Machado en un fuera de juego que no es -de forma clarísima-. Pero no es sólo eso, el fútbol vive una etapa injusta y aterradora para los aficionados de clubes humildes.

Es una locura. Sé que existe el debate y que llenará páginas y horas de tertulias sobre si el VAR -el video arbitraje- debe ser utilizado o no. Los que están en contra de la justicia opinan que esta polémica es la salsa del fútbol. Yo, sinceramente, prefiero un deporte en el que goce de jugadas de equipo, de remates, de pases… y que me enfade con contraataques mal cortados, pérdidas de balón o errores defensivos. Pero, ¿por qué si existe la tecnología no se aprovecha? ¿por qué debemos sentenciarnos al error humano cuando está siendo juzgado ante la cámara por miles -y a veces millones- de personas? Este es un blog del Recre, y el Recre está en Segunda B. Sé, por lógica, que el VAR no se va a implantar en corto plazo, pero me fastidia que en Primera División o en Copa del Rey no sea la tónica habitual y ese primer paso para que sea disfrutable en todas las categorías.

Pero la Justicia en el fútbol es algo que huele mal desde hace tiempo. Si la pelotita entra, estamos en modo de disfrutar, nos callamos y nos sentimos orgullosos de nuestro equipo. Si no, empezamos a ver estas cosas. Puede parecer un argumento de perdedor, pero estadísticamente, el fútbol es un deporte perdedor, y más en España dónde dos -con algún inesperado candidato eventual- equipos se juegan el liderazgo y la supremacía. El resto dependen de muchas cosas: confeccionar buenas plantillas, momentos puntuales.. Y que los errores de terceros no sean tan graves. Pero ojo, que esos “errores de terceros” no son sólo arbitrales. Hay más.

Es un error que un deporte, con lo que significa esa palabra, deje a los aficionados en el último escalón de importancia. Hoy, el Recreativo ha jugado contra un equipo -La Hoya Lorca- de capital chino y con las gradas vacías salvo la tribuna principal, que tampoco estaba a rebosar. ¿A qué se debe eso? Pues a la tremenda injusticia que permite la Ley, como es la Sociedad Anónima Deportiva. Una ley tan absurda que hay equipos que no tienen por qué convertirse en esta empresa deportiva, precisamente Real Madrid, FC Barcelona y Athletic de Bilbao, además de un Osasuna apoyado por la Hacienda Foral de Navarra, que aunque tiene otros problemas, ha tenido esa ventaja muchos años. Pero bueno, si la idea de las Sociedades Anónimas Deportivas era acabar con las deudas en el fútbol, estamos viviendo la época en la que no es así. Y es tan poco así, que la mayoría de clubes de Segunda B tiene problemas económicos, muchos están en el apocalipsis de la liquidación y otros están comandados por empresarios a los que le importa bien poco la entidad y sus aficionados.

En Huelva tenemos un ejemplo, y no os voy a descubrir nada. Las Sociedades Anónimas Deportivas nos convierten en clientes, pero a veces cuesta saber si somos clientes de qué. Por ejemplo, algún aficionado del Eldense estará alucinando al saber que su equipo se ha dejado perder escandalosamente para ganar dinero en apuestas. Y los dueños,iItalianos. Hay más ejemplos, desde desórdenes en primera plana, como es el caso de Peter Lim en el Valencia, o el de hace más de una década con un Leganés que bajó a 2ªB con un equipo repleto de hispanoargentinos -en realidad eran todos argentinos con doble nacionalidad-. Y mi pregunta es: ¿quién defiende al aficionado? Nadie. La RFEF se calla y ya está.

El silencio es lo que suele hacer. Lo hace con unos arbitrajes no profesionales, a los que no permiten hablar creando barreras que generan discordia. Lo hacen al no querer asumir tecnologías nuevas hasta que sea inevitable por órganos de un nivel superior. Lo hace porque dejan que los clubes sean prostíbulos de vendedores de humo que pocas veces dejan dinero y muchas acaban con los clubes. Y no pasa nada, porque todo está comercializado.

Hay ejemplos románticos y bellos en este asunto. El Eibar, por ejemplo, es un club modélico en todos los aspectos de gestión y ahí están sus resultados. Y nosotros, el Recreativo, también somos un ejemplo. Gracias a una afición volcada, a un Trust neófito en España asumiendo de nuevo las raíces británicas y a mucho esfuerzo y desgaste personal. Porque ayuda institucional, poca.

Los campos estarán más vacíos. Las sospechas de tongos seguirán vigentes y crecerán con el tema de las apuestas y un arbitraje descontrolado. Habrá más lápidas de clubes históricos y un día podemos ser uno de ellos. El fútbol de ahora es una porquería por todo lo que está montado.

Aquí tenemos la opción de ser germen para cambiarlo. La herramienta, el Trust. La fuerza, todos los aficionados onubenses. El objetivo.. Comenzar y continuar una lucha por la justicia. Se puede ganar y se puede perder por méritos deportivos. Pero que no se rían de nosotros. Ni errores arbitrales subsanables ni gestores de pacotilla en un asiento intocable. Aquí en lo segundo estamos sacándonos un máster de cómo dejar las cosas claras.

Porque si no, al final, con los años, tendremos que elegir entre ser de tres o cuatro equipos españoles. O elegimos uno de la Premier, que nos la venden más que la 2ªB. Y eso es triste. Una cosa es informar y ver espectáculo y otra es obviar la existencia de lo que en realidad es el día del fútbol hasta el punto de demacrarlo y hacerlo desaparecer. Quizás, algún día, sólo se juegue una liga europea, tipo NBA, y haya dos o tres estados en España. Aunque lo mismo hasta cambian de ubicación. Lo mismo son franquicias.

Puede que sea lo justo con las reglas que hay en juego. Pero a mí no me gustan. Nos tratan como clientes de un producto que para mí, apesta. Y la forma de luchar contra eso es lo que quiero que entendáis como es el Trust. y hay mas Trust, con otros nombres, en otros equipos, que están surgiendo: Betis, Córdoba, etc.

Lo mismo queda algo muy bonito en el fútbol y se está gestando en silencio, en los lugares más perjudicados. A mí me gusta ilusionarme con eso. Lo de ahora es sólo los noventa minutos de “a ver que pasa” sin ningún tipo de control.

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