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La sonrisa de la esperanza

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En tiempo de penurias, cualquier movimiento por pequeño que sea es bienvenido. En el Recreativo de Huelva, los días son aciagos y los contratiempos una normalidad. Por eso, que Pavón pueda ejercer de entrenador, con todas las de la ley y tras tres meses en el disparadero, es una bendición.

Con la anormalidad del banquillo solucionada, en el consejo ya trabajan para intentar salvar la papeleta de los jugadores. No seré yo quien pida un gesto de benevolencia por parte de unos jugadores que al igual que los trabajadores han sufrido lo suyo. Pero para sufridores una afición hoy fragmentada, que en verano se organizó para salvar a su equipo. Una salvación que pasó por conseguir el dinero que se le adeudaba la pasada temporada a una plantilla, que en parte importante continúa en la presente. Todos deberán hacer una valoración de su rendimiento y evaluar si lo que le presentará en breve el club (es inviable que se consiga a tiempo todo el dinero) es suficiente para poder aguantar hasta mayo y darle así aire a un equipo que necesita reforzarse para no pasar por apuros.

Y es que evidente que nos encontramos en un momento clave del futuro del club. La situación del equipo a nivel deportivo va en paralelo con lo institucional. Las negociaciones con Hacienda pasan por conseguir todo el montante que exige, cuyas cifras millonarias ya son conocidas por todos o conseguir convencer a la Agencia Tributaria, algo complicado. Al mismo tiempo, todo indica que tendremos pliego de condiciones en los próximos días. Todo un puzle el que completar, ya que hay cumplir en varios frentes y no olvidar la parcela deportiva, con todas las necesidades que tiene.

Por eso, que en el tema del entrenador ya exista algo de normalidad, es una novedad muy agradecida. Acostumbrados ya a este tobogán que es el Decano, el poder ir cumpliendo etapas, por muy nimias que sean, son un soplo de aire fresco de cara al futuro que le espera al equipo.

En tiempos de guerra, que mejor que reforzarnos con la gente de la casa. Confiar en los profesionales que han antepuesto su propia carrera por el bien del club. Un poco de corazón ante tanto caos y confiar en su sapiencia. Y luego, el fútbol y los resultados dictarán sentencia. Como pasó en el pasado y como pasó con Ceballos. Nadie está libre de ello, pero que menos que defenderse desde su habitat natural, el banquillo.

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